Zaire 74: música, Pelea del Siglo y Black Power

“Ali le hablaba a cualquiera. Nunca vi a alguien con la energía para hablar tanto. Hablaba todo el tiempo. Desde el tipo que estacionaba los autos hasta Fidel Castro, todos tenía un momento con Muhammad Ali. Vi viejos racistas que obviamente tenían problemas con su mirada política, pero después de cinco minutos con Ali, ya eran fans”. El que recuerda es Bill Withers, el compositor de Ain’t No Sunshine, Use Me y otros hitos del soul, quien llevó hasta las últimas consecuencias su personaje contrera y se murió de un bobazo cualunque en plena pandemia de coronavirus. En 2016, cuando se fue el campeón, Withers lo despidió destacando su verborragia. Justo él, que en el 85 abrazó el silencio y no grabó nunca más porque no quiso. El hombre que hablaba mucho y el que calló se adoraban mutuamente y tenían una historia en común.

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June Pointer, Muhammad Ali & Bill Withers. Foto de Lynn Goldsmith

Withers fue parte de la delegación estadounidense en Zaire 74, un festival de música que se organizó el 22, 23 y 24 de septiembre de 1974 en Kinshasa, capital de lo que en ese momento se conocía justamente como Zaire y que hoy es llamada República Democrática del Congo. La idea era que el festival se hiciera en los días previos al Rumble in the Jungle, la pelea en la que Ali buscaba recuperar el título del mundo de los pesados contra George Foreman. El problema fue que, con el evento musical organizado, a último momento la pelea se terminó postergando seis semanas por una lesión de Big George. La decisión fue hacer el recital igual en la fecha pactada, con lo cual lo que iba a ser una vidriera al mundo terminó convirtiéndose en una celebración de raíz, de cultura y público afro.

En esos tres días, 17 grupos locales y 14 extranjeros pasaron por el escenario. Además de Withers, desde Estados Unidos viajaron James Brown, B.B. King y The Spinners. En la grilla también estaban Miriam Makeba, TPOK Jazz, Tabu Ley Rochereau y Celia Cruz con los Fania All-Stars. Un panorama parcial de la performance de los músicos del continente puede apreciarse en el disco Zaire 74: The African Artists.

Un dato pintoresco es que ya en el charter que los llevaba a Zaire la cosa se puso espesa entre Withers y James Brown, que exigía viajar en primera y demoró la salida del avión porque llevaba una cantidad inmanejable de equipaje. En la escala en Madrid, Bill compró una daga y se la puso en la garganta al Padrino del Soul, que automáticamente la cortó con el divismo y se sentó callado en el gallinero con los pibes.

Para entender cómo terminaron Withers, Brown y los demás en un encuentro musical del otro lado del mundo hay que hablar de cuatro personas: Hugh Masekela, Mobutu Sese Seko, Stokely Carmichael y, obviamente, Muhammad Ali.

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Mobutu presentándole a la multitud a Foreman y Ali

Masekela era trompetista de jazz. Emigró de su Sudáfrica natal en 1960, después de que la policía asesinara a 69 manifestantes que protestaban contra el Apartheid. Primero vivió en Londres y después se radicó en los Estados Unidos, desde donde militó -con palabra y música- contra el régimen de su país. En el 72, pese a que su sello se opuso, decidió volver a África con el productor Stewart Levine para reencontrarse con la música de sus ancestros. En el 74 editó I Am Not Afraid, un disco que recogía las experiencias de su viaje. Inmediatamente después, él y Levine decidieron organizar un concierto en Zaire para celebrar la africanidad.

Mobutu Sese Seko (que había nacido Joseph Désiré Mobutu pero se autobautizó Mobutu Sese Seko Kuku Ngendu Wa Za Banga, “el guerrero todopoderoso que va de conquista en conquista y deja fuego a su paso”) era el dictador de Zaire desde 1965. En los 70 dispuso una política llamada authenticité mediante la cual pretendía reforzar la identidad de su país a través del reencuentro con sus tradiciones. Todos los habitantes se vieron obligados a cambiar su nombre ocdidental por uno en lingala, el idioma nativo del Congo. Mobutu consideraba que la música popular y el deporte eran claves para su política de autenticidad: de ahí que aceptara darle a Don King los diez millones de dólares que le había prometido a Ali y Foreman cuando firmaron contrato con él para organizar la pelea. A pedido de Masekela permitió que se organizara el festival (aunque no lo financió: la plata llegó de Liberia) y aportó un espacio.

Stokely Carmichael fue Primer Ministro Honorario del Black Panther Party hasta que a fines de los 60 se alejó por no compartir la idea de confraternizar con organizaciones políticas de blancos. Fue quien acuñó el término Black Power en la Marcha contra el Miedo de Memphis, en el 66. En los 70 se abocó a militar una idea de socialismo panafricano y a viajar por el continente, lo cual lo acercó a Mobutu en plena authenticité. En el 74 estaba casado con Miriam Makeba, ex esposa de Hugh Masekela. Y fue amigo y mentor de Muhammad Ali en su prédica anti guerra de Vietnam.

Ali, en tanto, era la figura carismática que uniría todas las piezas.

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Ali & Carmichael en Los Ángeles, 1973. Foto de Guy Crowder

Ni bien bajó del avión en Kinshasa, el campeón (retador en este caso) le preguntó a los intérpretes cómo se decía “Ali, ¡matalo!” en lingala. Desde ese momento fue construyendo su favoritismo en el público local, que repetía “Ali boma yé!” cada vez que él lo incentivaba. Esa idea de llamado y respuesta fue el eje de la comunicación del movimiento de liberación afro en los 70. Líder y multitud empoderada retroalimentándose con un código lingüístico exclusivo de la comunidad y contribuyendo a un panafricanismo que no entiende de estados: con esta práctica conocida como signifyin’ se comunicaba Muhammad Ali, se comunicaban los dirigentes políticos como Carmichael en sus actos y se comunicaban los músicos como Masekela, James Brown y el recién difunto Bill Withers en sus shows (“esto se desprende de una estructura musical basada en riffs -segmentos repetidos de sonido- que se entrecruzan musicalmente en una forma de llamado y respuesta”, analiza la Profesora de Música Afroamericana de Harvard Ingrid Monson en su texto Riffs, repetición y teorías de globalización del 99). Eso fue Zaire 74, además de un festival de música increíble: un instrumento de construcción del Black Power desde todos los costados posibles.

La historia siguió para todos con Ali ganándole a Foreman en la que muy probablemente haya sido la pelea más importante de todos los tiempos, Masekela pegando un hit internacional en el 87 con el himno anti apartheid Bring Him Back Home (Nelson Mandela), Mobutu gobernando Zaire hasta el 97 (cuando lo derrocaron tenía más de 5000 millones de dólares en su cuenta personal y su país debía 13 mil), Carmichael respondiendo “¡listo para la revolución!” cada vez que lo llamaban por teléfono hasta su muerte en 1998 y Withers plantándosele a los ejecutivos yuppies blancos de Columbia que le decían lo que tenía que componer para vender más (“blaxperts” los llamaba), por lo que no volvió a pisar un estudio de grabación en su vida. Su criatura puede verse en Soul Power, documental de 2008 que -después de mostrar la antesala del festival, los preparativos para la pelea y varias de las performances- termina como tenía que terminar: con James Brown en cuero cantándole “¡díganlo fuerte!” a una audiencia africana que siempre le respondía “¡soy negro y estoy orgulloso!”.