Thug Life

Bases sofisticadas provocando un sonido más elegante y sensual que el habitual, clímax realista. Sobre estas ideas se edifica Thug Life Vol. I, el disco en el que Tupac canalizó su energía política más rebelde mientras buscaba organizar las calles con un impacto cultural que iría sucediéndose en constante ebullición. El 26 de septiembre se cumplen 25 años de este lanzamiento.

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Si algo sabemos cuando hablamos de Shakur es que nunca estamos hablando (tan solo) de música. Previo a la Guerra de las Costas, con su nombre ya siendo una marca del hip hop y una tentación para la pantalla grande, estaba decidido a comandar un nuevo despertar popular a como dé lugar. Esto implicó en más de una oportunidad enfrentamientos con las organizaciones y movimientos sociales históricos, que veían en su urgencia y desobediencia demasiada prepotencia. Más lo presionaban a distender el escenario, caldeado por el resurgimiento de violentas tensiones raciales a lo largo y ancho del país y manifestaciones paralelas en contra del rap, con quema de discos incluida, más fuerte hablaba él, que no temía desafiarlos acusándolos de haber perdido noción de la realidad. Así, los invitaba a mirarse las suelas de sus zapatos a ver qué tan gastados estaban de caminar los barrios. O que tan limpios y lustrados los llevaban por quedarse sentados en sus escritorios.

Un año antes, en 1993, había salido su segundo disco solista, Strictly 4 My N.I.G.G.A.Z., que contó con las colaboraciones de Ice Cube e Ice T legitimándolo como nuevo líder gangsta en Last Wordz, el tema en el que el vicepresidente Dan Quayle -quien había pedido a discográficas y disquerías que no vendan sus discos- recibe su respuesta. Para ese momento participó de la Black Expo, un evento político y cultural de peso dentro de la comunidad negra, en donde presentó formalmente su proyecto Thug Life. “Para los blancos siempre vamos a ser los matones de la cuadra, no importa lo que hagamos, ellos sólo ven un matón”, explicó frente a los asistentes y redobló la apuesta: “¿En serio esperan que mi generación siga esperando ‘la oportunidad’ de ser vistos, siga pidiendo permiso para comer -con suerte- algunas sobras? Hay un momento en el que -si no te atienden- tenés que tirar la puerta abajo”. Su propuesta incluía un código de convivencia entre los guetos y organizó una especie de guardia barrial en donde se cuidaban y asesoraban unos a otros frente a los diferentes hechos de brutalidad policial. Además, él en persona visitaba escuelas concientizándolos de sus derechos y organizó varios festivales a beneficio de las diferentes necesidades barriales. El leitmotiv era “naciste en el gueto, no sos el gueto, por favor, recordalo”.

Así empieza a cranearse lo que sería un disco en banda para formalizar un proyecto que ya llevaba un par de años. Junto a su hermano Mopreme, sus amigos Big Syke, Macadoshis y The Rated R , abrazándose y dejándose guiar por faros del g-funk como Warren G y Nate Dogg, entre otras colaboraciones por demás frescas, Thug Life Vol. I supo abusarse de la suavidad sonora para ir en contra de todas las formas y reglas posibles.

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Foto: T. Eric Monroe

No es casualidad que haya sido el disco que consolidó sus vínculos con la calle, con la comunidad latina y, sobre todo, con los detenidos de todas las cárceles del país. Es, también, el momento en el que impone su conciencia cultural y se legitima su fuerza popular a la vista de todos, lo que automáticamente comienza a ser mucho más que un problema, porque su figura se había vuelto mucho más trascendental de lo que la industria musical podía abarcar y demasiado indomable y amenazante para el gobierno. Unos meses antes de ser asesinado él mismo diría “todo lo que decía se interpretaba mal, algunos lo usaban para castigarme y otros para darme un poder que yo no tenía, porque esperaban de mí que les diga qué próximo paso dar, cómo salvarse. Tenía 22 años y mi ego se descontroló, sentía miedo y me la pasaba fumando marihuana. Lo único que quería era organizarnos y cuidarnos”.

Criado entre líderes revolucionarios y lector ferviente de Maquiavelo, si algo tenía claro es que no hay transformación social posible si el pueblo se siente vencido. Tupac apostó, entonces, a llevar el hartazgo a extremos impensados y a que la furia se vuelva lo suficientemente fértil para reparar la autoestima comunitaria, a los que directa o indirectamente el Estado les hace sentir que su vida o muerte no vale nada. Así, les recuerda a negros y latinos que ya no hay más tiempo, y en Bury Me A G, tema que abre el álbum, advierte “seguir las reglas fue el pecado más grande”.

En Don’t Get It Twisted, tal vez la que más ráfagas tiene del sonido Shakur original, las rimas son lanzadas por Mopreme, Macadoshis y Rated R.

La ruleta sigue con la súper bailable Shit Don’t Stop, en la que participan todos y se suma la voz sensual de YNV. Pac aprovecha su parte para contarnos que lo que está haciendo es tratar, ni más ni menos, de despertar la mente de su generación.

Pour Out A Little Liquor, el cuarto tema, fue corte. En el video los chicos del gueto se convierten en capos mafiosos. La única voz es la de Tupac, una voz tomada por la nostalgia y la historia propia, el recuerdo de los que ya no están, los caídos en las calles y por la policía.

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Pour Out A Little Liquor

“Thug Life, todos conocen las reglas, tengo que hacer lo que corresponde”, se escucha en el estribillo de Stay True justo a la mitad del disco. Acá las chicas no importan, importa la cuenta bancaria. El punto, en realidad, es que es una cuestión de supervivencia en el medio de una tormenta. Y ellas también están ahí, entre la supervivencia y conocer las reglas.

Varios de estos versos aparecieron como argumentos entre los que militaban la censura al rap por machista. “Hay mujeres que se aprovechan. Desde situaciones simples a las más graves. No es machista hablar de eso y criticarlo. Si son jodidas y me joden, bueno, estoy en mi derecho de llamarlas como lo que son”, diría frente a las cámaras de MTV para defenderse.

How Long Will They Mourn Me? nos trae la excelencia de Nate Dogg. El duelo ahora es colectivo. Todos tienen a un hermano que llorar. También saben que no pasará demasiado tiempo para que estén de nuevo juntos.

Como si alrededor de su muerte no hubiera mil mitos y no nos hubiera dejado otras mil claves que rozan lo predictivo, en Under Pressure canta “justo antes de morir estaré maldiciendo la ley”. La historia es conocida: cuando el 7 de septiembre de 1996, pasadas las 23 horas, Orlando Anderson dispara al auto que manejaba Suge Knight, un policía se acerca y le pregunta a Pac si pudo ver quién fue, con el último aliento, antes de caer inconsciente, Shakur respondió “fuck you”. Seis días después, el 13 de septiembre, las balas cumplían su misión a las 16:03. Afeni, su madre, decidió que era momento de dejarlo ir: “El médico salió y me dijo que había dejado de respirar tres veces y que las tres veces pudieron revivirlo. Cada vez que lo revivían, él simplemente regresaba. Les pedí, entonces, que lo dejaran solo, y si tenía que ser así que lo dejaran ir. Realmente sentí que era importante para él, que luchó tan duro, que se le permitiera a su espíritu ser libre”.

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Thug Life x Mike Miller

Street Fame es el tema que inicia el tramo final del disco. Los encargados de ponerle voz son Mopreme, Big Syke y Rated D. La configuración pandillera como una manera de supervivencia, hacerse un nombre y generar representación, aunque “en la tierra sin piedad” nada te garantiza la vida.

Por eso le sigue Cradle To The Grave, que también tuvo su videoclip con los protagonistas tras las rejas. Tupac nos deja acá una de sus mejores estrofas, empezando por los versos que iluminan y arden sobre el recuerdo de que su madre lo parió apenas un mes después de ser liberada de prisión.

En abril de 1969, veintiún referentes del partido Pantera Negra fueron acusados de querer bombardear diferentes puntos estratégicos de Nueva York. El caso pasó a la historia como Panther 21. Entre los detenidos se encontraba Afeni, quien junto a sus compañeros enfrentó más adelante un juicio que duró aproximadamente un año. Ella actuó como defensora y, luego de pasar la mayor parte del embarazo encerrada, logró la liberación en mayo de 1971, justo un mes antes de romper bolsa. El 16 de junio llegaba a este mundo Lesane Parish Crooks, rebautizado unas semanas después como Tupac Amaru Shakur, en homenaje al líder inca, “porque somos parte de una historia que es mucho más grande que nosotros, que no se mide en nuestro tiempo ni tiene fronteras”.

El álbum cierra con Str8 Ballin, un Pac auténtico y afilado, desafiante y burlón, que también se da algunos gustos, como si ya supiera que no va a tener tiempo para el Thug Life Vol. II.

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Foto: Jeffery Newbury

En Str8 Ballin repasa lo que podría ser la vida de cualquier afroamericano y latino, pero justo antes de terminar saca una carta para anunciar que, contra todos los pronósticos, él ganó la partida: ya no necesita los cupones sociales para poder comer, ahora come de lo que él tiene para decirle al mundo sobre lo que es ser negro y revolucionario en Norteamérica. Por eso siempre nos habló de su muerte temprana, y cada vez que lo hizo también nos habló de la resurrección, para que quede claro que hay un pase de posta de algo que es tan imparable como inevitable: “porque incluso cuando me matan no pueden sacarme del juego”.

Todo esto que es Thug Life, lo que muchos nunca entendieron y a los que él les respondía “si no lo entienden es porque no les estoy hablando a ustedes, les hablo a los que no les habló nunca nadie, a los barrios, a las calles y presos, y ellos sí me entienden así que no veo por qué debería cambiar mi manera de decir las cosas”, también es su nombre: “Cada vez que alguien dice mi nombre es un recordatorio de que no van a hacerme renunciar. Llevo en mi nombre la memoria viva de la traición a Tupac Amaru, la que lo condenó a muerte. Y están en mí todas esas luchas a lo largo del continente, de aquellos tiempos a estos, y ellos también son mis raíces”. De hecho, también declararía que nunca se había sentido tan completo como cuando se tatuó el Thug Life en su panza: “es lo que soy, es lo que somos”.

¿Qué somos? Una identificación social y cultural tan profunda, arraigada a la concepción y clase por sobre cualquier otra característica, que permite no desviar la mirada de lo que hay que vencer y transformar. Es lo que hoy las nuevas generaciones llaman The Marathon Continues, o lo que antes de él abrazó Zulu Nation. Y continúa, siempre continúa.