El pasado es feminista

Si empezamos por el principio tenemos que decir que Eve es el tercer álbum de estudio de Rapsody y es un homenaje pleno de conciencia, respeto y admiración por las mujeres negras a través de una nómina que atraviesa figuras sociales, políticas y culturales. Con producciones que se destacan aún más en las alianzas sonoras, estéticamente implacables y por demás generosas en su poderío conmovedor, desde el primer suspiro las impresiones se transforman en algo hermoso y demoledor: Eve es una obra maestra que alcanza esa magnitud desde un ideario exquisito a partir de su visión, guerrera y poética, y de su fuerza expresiva, honesta e inteligente.

Rapsody
Eve cuenta con las producciones de 9th Wonder, Khrysis, Nottz, Eric G y Mark Byrd.

Rapsody les canta a sus hermanas negras con amorosidad y dulzura, y propone un disco histórico a partir de canciones que se enriquecen en la cruza con recitados profundos e himnos convertidos en samples. Con una lírica brutal, la rapera edifica su anhelo de transformación dejando en claro que si ella está acá hoy cantándonos es porque antes estuvieron otras tantas mujeres haciendo lo suyo. Y lo más importante, las elegidas aportan una diversidad tan arrolladora que el mensaje es claro: todas y cada una desde su lugar y con sus particularidades hicieron noble e invencible este gran relato. O sea, es un álbum de celebración, pero también una invitación para salir del agujero interior y dialogar con una historia que no se concibe desfragmentada ni se salva aplaudiendo el ombligo generacional, microclimático ni viciosamente intelectual.

“Una de mis citas favoritas de Nina Simone es ‘El deber del artista, en lo que a mí respecta, es reflejar sus tiempos’. Ella y Strange Fruit dicen mucho sobre quién soy, por qué hago la música que hago y cómo quiero que sea mi legado, por eso sentí que tenía que empezar por acá”, explicó la artista en NPR. Y sí, Nina es el tema que abre el álbum y nos empapa de todo lo que comenzará a suceder a partir de ahora: una escucha táctil que irá golpeando todo el cuerpo, enhebrando recuerdos y conocimientos, renovando anhelos.

Cleo es la siguiente estación y el magnetismo es instantáneo: una intro recitada sobre In The Air Tonight de Phil Collins que acompañará todo el recorrido de las rimas hasta el final. Un recorrido que es un rastreo sobre ser mujer, negra y rapera.

Parece imposible desenvolverse de estos dos primeros climas pero entonces cae el tercero y se escucha “Are you that somebody?”. Es el turno de homenajear a Aaliyah y la apuesta, tan dulce como desesperada, puede resumirse en este verso: “Desearía haberle dado dos vidas a Aaliyah”.

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Foto Alberto E. Rodriguez

Con Leikeli47 llega el turno de Oprah. Lo que dijimos tantas veces: lo que la escuela no dice, lo dicen los raperos, y esta pieza -con un choque de estilos y ritmos riquísimos- le patea la cara al capitalismo y al progresismo blanco. Mientras que en Whoopi los pateados somos todos por un flow escandalosamente encendido y audaz, que se amplifica en las garras afiladas de versos provocadores que advierten: “Van a hacer que una hermana actúe”.

Si Serena Williams es un faro para todas las mujeres más allá de la raza, y su fortaleza y cuerpo se han convertido en banderas de igualdad, en el sentido más político y urgente de lo igualitario, Rapsody sabe estar a la altura de la representación y en la canción bajo su nombre danza con rimas repletas de orgullo negro. Desde otra vereda, pero no con diferente simbolismo frente al mundo, y sobre todo el mundo blanco, está Tyra Banks: una vez más, como en gran parte del disco, pero acá con un claro protagonismo, quedan sobre la mesa los desdobles del discurso progresista y su intimidad con el capitalismo salvaje, esa rueda imparable y sanguinaria que se motoriza con el racismo. Y entonces la discusión real es otra: la conquista y descarte de los cuerpos atravesados por la raza no distingue géneros y se potencia en la diferencia de clases.

Junto a K. Roosevelt llega el turno de Maya. La referencia a Angelou ya es de por sí hermosa y atrevida. La escritora odiaba al rap, o por lo menos odiaba las reglas de juego del rap y pretendía modificar sus formas, como si en esa modificación el rap no dejara de ser rap y la calle dejara de ser lo que es la calle. Rapsody la honra tomando elementos de su obra, pero también no cediendo en su identidad, lo que definitivamente valida su legado y su fama de brava. La poesía de la rapera a lo largo de Eve es conmovedora y no es la excepción en Maya, que -con versos lo suficientemente sensibles y fibrosos por la carga de los mandatos- convierte a esta pieza en un punto de encuentro generacional en memoria de una de las poetas favoritas de la comunidad afroamericana.

Llegamos al noveno tema. Ese número 9 al que le reconocemos la magia gracias a que Wu Tang nos lo enseñó con excelencia, así que tomamos como un guiño por demás bien gozado que desde esta instancia se nos recuerde el épico “Wu Tang es para los chicos”. Estamos en la cima del disco, metafórica y literalmente, porque Ibtihaj, esta belleza que viene sonando desde hace unas semanas y que se empapa de lujo con las colaboraciones de GZA y D’Angelo, no es un punto alto, es un punto altísimo. El sonido se renueva y funciona como un telar de lo que fueron los 90s, incluso si hacemos silencio podemos sentir a RZA afilando sus colmillos con nostalgia: Rapsody tranquilamente podría ser una de las criaturas Shaolin, e Ibtihaj Muhammad también. La sensación es tan legítima que antes de terminar se susurra: “Now RZA flip the track”.

Myrlie, junto a Mereba, carga con el incómodo lugar de venir después de uno de los mejores temas del año y, encima, ser la estación previa a un interludio que se siente sagrado. Reyna’s Interlude es una oda emotiva y necesaria para la hermandad racializada y ejemplificadora para las blancas (o permítanme ese deseo): “Mantenés al mundo unido / Gracias por tu misericordia / Sos la forma más fuerte de ser humano / Mujeres Negras”.

El tramo final de Eve se experimenta entre la resignación dulce y la esperanza como trampa fértil. No es casual que lo que sigue inmediatamente sea Michelle y, bajo el nombre de la líder que todos queremos ver en acción, un ritmo contagioso, sensual, bailable y ligero nos envuelve con la colaboración de Elle Varner. Una suerte de Girls Just Wanna Have Fun, pero, además de la diversión, las chicas quieren cambiar el mundo. Y algunas ya lo hicieron, y otras lo están haciendo.

El #13 es una sorpresa tan grata como atractiva y justa: Imán. La hermandad recorre su linaje, llega a África y desde esa perspectiva nos recuerda que la única autoayuda que ilumina es la conquista de derechos. En colaboración con SiR & JID, de nuevo: una fiesta de orgullo negro sonando fresca y encantadora.

Y todos sabemos que las mejores fiestas son las que tienen los mejores invitados, y si había alguien que no podía faltar en este disco es Queen Latifah. ¿Cuántas voces fueron inspiradas a salir de sus cuatro paredes a partir de Ladies First? La respuesta la da ella misma en este círculo perfecto que se cierra y el nuevo que se abre en Hatshepsut: “Es por eso que soy Queen Latifah en cada pueblo, en cada barrio”. Un piano y la elegancia de dos mujeres haciendo lo suyo: algunos dirán que lo suyo es rapear, yo lo llamo inspirar.

La anteúltima parada es con la otra estrella mimada de Carolina del Norte, J Cole, pero no es sorpresa. Es la ya conocida Sojourner y no solo que no desentona, se siente hasta justo que tenga una segunda oportunidad enmarcándose en un álbum como este y dejando su estadía de sencillo atrás.

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Rapsody tomada por el legado Pantera y Shakur. Foto José Góngora

Llegamos al final, y este fin de fiesta lo único que hace es llevar todo lo que sentimos a otro nivel. Luego de varias referencias sueltas en los temas anteriores, referencias musicales, poéticas, militantes, pero sobre todo como el hermano filántropo que fue, Tupac tiene su merecido reconocimiento por ese himno suave y filoso que es Keep Ya Head Up. Y el reconocimiento es aún más hondo porque se da bajo el nombre de Afeni, con recitados tan justos que componen una agenda social, cultural y política real. Eve termina como empezó, convirtiendo a la escucha en un contacto que se siente estremecedor sobre nuestro cuerpo, y parte del mérito es también para PJ Morton, el invitado elegido para poner este punto final.

Ya sabíamos que Rapsody nos traslada con su estilo a la época dorada; es en su adoración por la narrativa y su deseo de componer un sentido cultural desde lo enraizado hacia lo universal, y no a la inversa, lo que sería individualista, que la ilusión de su atemporalidad se vuelve inevitable. Eve consolida esta idea y la consolida a ella como voz representativa.

En definitiva, la referente de Carolina del Norte nos canta sabiendo que la victoria es una idea tan ficticia como necesaria, porque es la que alimenta el deseo de un nuevo despertar, que a su vez e irremediablemente nos recuerda que todo vuelve a comenzar de forma sucesiva. Así, la victoria es entonces una construcción eterna que se concreta y celebra a partir de los encuentros y factores que humanizan y liberan. Y Eve llega justo a tiempo para que no perdamos de vista que, por todo esto y por sobre cualquier idea modernista del futuro, es imprescindible reconocer a qué historia pertenecemos y, sorry but not sorry, que el pasado ya era feminista, incluso antes que el feminismo. Por fuera de estos GPS será demasiado fácil confundir aliados y aplaudir falsas conquistas.