Nadie podía hacerlo mejor

Poco después de Straight Outta Compton y bastante antes que The Chronic, Dr. Dre configuró el memorable disco del talentoso y desafortunado Tracy Lynn Curry (Dallas, 1968), conocido por todos como The D.O.C, responsable en aquel entonces de las letras de N.W.A., de la asociación que luego se daría entre el padre del g-funk y Suge Knight y, principalmente, uno de los más destacados letristas de la Costa Oeste.

A pesar de las críticas de excelencia, de trepar alto en todas las listas de la época y de estar considerado un clásico es imposible festejar los 30 años del lanzamiento de No One Can Do It Better, el disco en cuestión, sin tener en cuenta que también se cumplen 30 años del accidente automovilístico que -tan solo un par de meses después- dejaría a D.O.C. al borde de la muerte y con la peor de las secuelas: una rotura de sus cuerdas vocales que lo sacaría del juego principal para siempre.

Promediaba 1989 y Dre venía de perder a su hermano en el medio de una de las giras más trascendentales de N.W.A, así que no pasó mucho tiempo para encontrar en D.O.C., tanto en su persona como en su carismático flow y brillante escritura, el vínculo para atravesar ese duelo. Así de hermanados y concentrados en transformar el dolor en arte es que comenzaron a armar lo que sería el lanzamiento solista y un reposicionamiento de cara al público.

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Dre, Eazy E y D.O.C.

En el documental The Defiant Ones (2017), casi como una reivindicación a lo minimizado que aparece en la película Straight Outta Compton (2015), Dre declara que nadie era mejor que D.O.C. en el estudio y que tenían una búsqueda clara: alejarse de lo que hacían con la banda, sobre todo porque él era tan bueno que no necesitaba replicar fórmulas. Los recuerdos del MC no se alejan de esto y van un poco más allá a la hora de clasificarlo, “es un disco a puro freestyle en el que cuento de mil maneras lo bien que estaba en ese momento, aunque en realidad recién estaba descubriéndome así que ni siquiera sabía bien quién era yo, pero en mi mente se sentía así, como que todo estaba bien”. Las grabaciones duraron tres semanas y las jornadas se fueron sucediendo en los ratos que la agrupación tenía libre de giras y filmaciones. Siendo pocos y conociéndonos mucho, parece increíble que Dre haya sacado un disco en ese corto tiempo. Pero esta no sería la única sorpresa, faltaba una más que de grata no tenía nada.

La fama repentina y explosiva no les trajo solamente aplausos, dinero y mujeres, también los acerco a diversos excesos de alcohol y drogas que fingían menguar el arduo ritmo de exigencias y definiciones que se tornaban cada vez más complejas, sobre todo porque ya empezaban a hacer demasiado ruido las internas puertas adentro de N.W.A.

Habían pasado apenas 3 meses del lanzamiento del disco cuando, una noche, después de haber estado trabajando y filmando en un par de videos con el grupo, D.O.C. se subió al auto lo suficientemente drogado como para quedarse dormido en el camino. El coche volcó, él salió expulsado por la ventana y rebotó por la autopista hasta quedar colgado de una baranda. La violencia del accidente fue tal que la cirugía para reconstruir su cara duró más de catorce horas. Lo que no pudieron reconstruir fueron las heridas profundas de su laringe y la rotura de sus cuerdas vocales, por lo que sufrió la pérdida total de su voz. Aun en la actualidad, más allá de varios intentos de volver a subirse a los escenarios, algunos más que emotivos, su afonía crónica lo mantiene en los márgenes del movimiento, activo y lúcido, a veces más cerca y otras más alejado de las producciones de Dre, siempre prolífico como letrista que aporta rimas a artistas de la talla de Snoop Dogg, pero no pudiendo sostener un proyecto propio en la línea de fuego.

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No One Can Do It Better había llegado como un manto de justicia poética para él, que vivía el éxito de N.W.A. más bien de reojo. Eran sus canciones, pero los que se llevaban las flores y exponían los comentarios sobre las expresiones que se volverían icónicas eran los otros. Él mismo confesaría que no vivía con alegría esa situación, “era difícil para un chico de 19 o 20 años mantenerse así, pero grabar mi disco fue genial, el reconocimiento era para mí”. Después del accidente el trabajo se volvería insoportable, ya no podría escucharlo por un largo tiempo y, luego de la recuperación física, tuvo que encarar un camino de recuperación emocional que no fue para nada amigable ni domesticable, de hecho, aun hoy sigue luchando con los fantasmas de aquellos tiempos y con el hambre de “autodestrucción” que aparece para poder evadir lo que realmente duele.

Si bien no hay consuelo, principalmente para él, luego para Dre, que con todo este escenario revivió duelos y tuvo que también lidiar con sus propias sombras, y finalmente para el público, No One Can Do It Better cumple 30 años y -a pesar de ser una perla oculta para muchos- sigue sonando moderno y motivador. Hace unas semanas Erykah Badu, a quien D.O.C. se refiere como el amor de su vida, aunque ya no estén más juntos, pero sí unidos por una amistad profunda y la crianza de su hija Puma, le dedicó un posteo en su Instagram que lo festejaba como uno de los mejores MC, pionero en inspirar al sur a que hagan lo suyo y, claro, en inspirarla a ella, resaltando la importancia y trascendencia que tiene esta obra.

It’s Funky Enough es el tema que abre el álbum, sin intro, directo al foco, y le hace honor al título con la sensualidad del ritmo ligero y el flow rápido pero firme de D.O.C. Hay una trilogía a mitad del disco que condensa su identidad: las guitarras (con un protagonismo poderoso e innovador) toman Beautiful but Deadly y se van evaporando para acercarse al sonido Dre original, el más duro y enraizado a sus comienzos en Compton, que hace brillar al track que le da nombre al trabajo, pero la clave se da en el medio, porque entre una y otra, como para amortiguar y enlazar, suena D.O.C. and The Doctor, que combina las características de ambos temas y formaliza la fraternidad como un puente hacia el futuro, metafórico y literal. En esa especie de inauguración del tramo final, desde ahí hacia adelante, seremos testigos de una exploración funk que nunca pierde su rumbo creciente gracias a la potencia vocal, al flow certero y la destreza lírica del MC.

Todo lo que vino después en la Costa Oeste (y más allá, claro) también encuentra sus raíces acá, pero no en un sentido experimental o casual sino que totalmente direccionado para transformar la fórmula gangsta en un género maduro que, sin perder profundidad ni su lengua filosa, sepa mantenerse ligero abrazando la tradición innovadora y la devoción funk regional. El resto de la historia está sonando en nuestros oídos, y por cierto, cada vez suena más fuerte.