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Rhyme & Reason es un documental realizado por Peter Spirer y es de los más ambiciosos de la década del 90, pero más allá de ella también. Casi como una ironía del destino se estrenó en 1997, por lo que, a su vez, funciona como un lente explorador de aquel momento entre los duelos y la agonía propia de la época. Lejos de buscar conclusiones o dar cátedra, Spirer se lanza a hacer entrevistas, conversa con más de 80 protagonistas de la época, y, a través de sus voces, provoca una maratón de expresiones que se dedican a visualizar en voz alta a la escena en general, al impacto de la cultura hip hop y al tratamiento de diversos temas que varían desde lo más ligero a lo más profundo. Es desordenado porque en sí no está siguiendo ninguna consigna más que la de abrazar los sonidos, los efectos y acercar los pensamientos de aquellos que pusieron (y ponen) el cuerpo y la mente, pero el resultado es un registro por demás genuino y fiel a su tiempo, espacio y sobre todo al espíritu del hip hop de aquella generación, y esto incluye su costado más salvaje, brutal e incorrecto.

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“Antes de tener mi programa y de conocerlos, yo era fanático de todos ellos. Este es el concierto al que yo siempre quise asistir”. Así se refiere Dave Chappelle a una de las maratones más importantes del hip hop moderno, incluso podríamos hablar del evento que fue un bautismo del hip hop moderno, porque sirvió para dejar atrás esos primeros años del nuevo milenio atravesados por la resignación y el confort. Mezclando guiones de humor con las presentaciones musicales, el concierto soñado de Chappelle se eternizó en el documental Block Party (2005), dirigido, ni más ni menos, que por Michel Gondry. La fiesta tuvo sede en Brooklyn a lo largo del verano y otoño del 2004, y los nombres en cuestión nos sirven para ver el impacto cultural del encuentro (The Roots, Erykah Badu, Dead Prez, Jill Scott, Common, Mos Def, Talib Kweli, The Fugees, Kanye West, entre otros). Esto sin contar lo invisible pero claramente perceptible, porque la realización, que comienza con una dedicación especial a J.Dilla y cierra con un para nada exagerado “Sacudimos al mundo!”, volvió a llevar al hip hop a la calle con un leitmotiv afrocentrista, festivo y de reencuentro con las bases del movimiento inspirado en Wattstax.

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Siempre que se hable de películas, documentales o registros sobre el hip hop es indispensable citar a The Show (1995), el documental primordial y complemento perfecto de todo lo que sea desentramar al movimiento. De las tantas razones que hay para fundamentar esta idea, tenemos que resaltar y subrayar su tiempo de lanzamiento, 1995, lo que lo ubica como el primero en correr los telones y mirar la escena por fuera de las luces y con un clima popular totalmente efervescente y caldeado, para bien y para mal, desde todos los sectores partícipes. Y eso nos incluye de tal manera a nosotros que, a su vez, nos ubica como espectadores pero al mismo tiempo atrás del escenario, en la cocina de los conciertos más grandes por donde están pasando los nombres más importantes. Incluye presentaciones en vivo exclusivas, entrevistas a fondo que aparecen como una cápsula en el medio del vértigo de los shows, lo que nos permite reconocer diferentes energías de los tipos que dominaron la época y asentaron para siempre al género. Es un trabajo honesto que desmitifica y humaniza en tiempo real a las figuras, y también muestra las hilachas que se irán comprendiendo a través de los años siguientes, lo que termina de exponer como nunca, por primera vez y como pocas veces volverá a ocurrir, al hip hop como un trabajo, como una profesión, pero con el sabor extra de hacerlo en el momento exacto en el que empieza a regodearse en su flamante estatus de industria, con los beneficios, costos y competencias que esto implica y que acá -más que advertirse- quedan en evidencia.

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