El soundtrack de tu vida

Wild Style (1983) abrió el fuego y pasó a la historia como el primer soundtrack del rap. Pero, más allá del éxito y las influencias eternas que estableció, lejos estuvo de convertirse en ese momento en una tendencia, más bien apareció como un reflejo de lo que comenzaba a suceder con la escena del hip hop, en plena exploración y explosión más allá de sus márgenes familiares, y también como corona de flores a los tiempos que ya quedarían definitivamente atrás, esos tiempos en donde grabar se consideraba una traición de sangre por el hecho filosófico que era, hasta ese momento, el hip hop, tan inculcado, naturalizado y entrelazado con la vida misma que el registro, y más aún con fines comerciales, se escapaba de la vista primaria.

Cuando esto cambió, para finales de los 70, fortaleciéndose los primeros años de los 80, la comunidad se sacudió, pero no sucumbió. Y Wild Style supo comprender ese escenario y representó en diferentes niveles (musicales, urbanos, sociales, pero también emocionales) todo el recorrido del género y del movimiento, desde los pioneros hasta esa nueva ola que estaba surgiendo y todo lo que vendría después.

La tendencia y la importancia de los soundtracks raperos no sólo que llega recién en los años 90, sino que resultó ser su tiempo de excelencia. Cuando hablamos de la Época Dorada es habitual dejarlos a un lado, y es comprensible, hay material suficiente como para empalagarnos de genialidades y arte, pero también es cierto que a partir de estas musicalizaciones se puede recorrer la década, sus diferentes matices, y encontrar ahí otro elemento más para reafirmar su prestigio dorado.

Antes de hacer un repaso, vale resaltar que estamos hablando de una década todavía analógica en muchos planos, sobre todo en su primera mitad, y llegando a su final con la confusión predominante del límite entre lo que era y empezaría a ser la industria de la música. En términos generales sí podemos conceptualizar a los 90 bajo la vieja y preciada modalidad del mixtape en su sentido más under, incluso hasta casero; lo cual también explica porque grandes nombres de aquellos años, aun compartiendo plaza y/o amistad, no compartieron temas durante gran parte de la década o sí, pero esos registros quedaron en cintas irrecuperables por las mil y una razones que uno pueda imaginarse. Esta realidad es la que le da mayor importancia a los soundtracks, porque significaron el punto de encuentro entre diferentes artistas que, de otra manera, no hubieran podido hacerlo de manera formal y trascendental, o, imposible no citarlo, no hubiera sido posible verlos en un mismo trabajo por los conflictos sobre los cuales se fue forjando el sonido y la época. Dicho todo esto, la relación entre Biggie y Tupac es el ejemplo perfecto: mientras que de ellos juntos apenas hay material, siendo lo más rescatable Runnin’ (From tha Police), tan arreglada y purificada por Eminem que terminó siendo algo completamente diferente a lo que hicieron originalmente ellos, para el agitado 1996, el disco de la película Sunset Park incluye lo imposible bajo ese clima de guerra y pone a compartir cartel a Mobb Deep, Junior M.A.F.I.A. y Shakur, entre otros.

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Biggie y Tupac en el Royalton Hotel (NY, 1993)

Ya sí metiéndonos de lleno en una lista destacada de soundtracks, arranco por los que sobrevolaron las diferencias y requerimientos de los tiempos en cuestión para lograr un resultado integral, con los mejores nombres de la escena sin importar de donde eran, sus relaciones entre sí ni las discográficas:

Juice (1992) juntó a Eric B. & Rakim, EPMD, Big Daddy Kane, MC Pooh, Too Short y Cypress Hill.

• Menace II Society (1993) convocó a Spice-1, MC Eiht, Ant Banks, Da Lench Mob, Brand Nubian, Pete Rock, CL Smooth y Boogie Down Productions.

• Street Fighter (1994) unió a Nas, LL Cool J, Ice Cube y The Pharcyde.

• I Got the Hook Up (1998), de Master P, suma a Silkk the Shocker, Soulja Slim, Mystikal, Fiend, Jay-Z, Ol ‘Dirty Bastard, Ice Cube, Mack 10 y Snoop Dogg.

Esta aglutinación de nombres, estilos, sonidos atravesando plazas y discográficas, rompiendo cualquier mandato de época y quedando como tesoro para las futuras generaciones se encuentra también en soundtracks como el de High School High (1996), Soul in the Hole (1997) y Bulworth (1998), entre otros, pero alcanza su clímax en The Show (1995), una película documental que intercala su relato con la posición de ser soporte de las nuevas canciones de -ni más, ni menos- Dr. Dre, 2Pac, Biggie, Snoop Dogg, LL Cool J y A Tribe Called Quest. Y nombrando a Dre y a Snoop Dogg es imposible no recordar que fue con Deep Cover (1992) que fortalecieron el lanzamiento de su sonido westero, el que llegaría para cambiar las reglas del juego para siempre.

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Muchos soundtracks fueron verdaderamente exitosos y cayeron con la mejor música mientras los disparos entre bandos no paraban de aumentar y las olas de censura se agrandaban en esas diferencias. Cuando todos empezaban a velar al hip hop aparecía una película con composiciones y colaboraciones de excelencia. Above the Rim (1994), que entre las magias que contiene se incluye la hitera Afro Puffs, de Lady of Rage con Snoop Dogg, y la inmortal Regulate, con Warren G y Nate Dogg, es un buen ejemplo, porque salió justo a mitad de la década y marca el momento de quiebre entre las Costas, pero también sirve de ejemplo para nombrar los discos que fueron siendo olvidados porque los artistas terminaron de incorporar esos temas a sus propios trabajos o los fueron lanzando como sencillos, lo cual también confirma la calidad de sus aportes y la necesidad de no dejarlos sueltos a la suerte de la película, que muchas veces eran realizaciones muy por debajo de la calidad musical lograda.

Con el cambio de la década se fue perdiendo esta tendencia. Esto significa no tan sólo una cuestión temporal, sino, más bien, una cuestión de industria y tecnología, y está claro, porque cambiaron los soportes y las formas de escucha, cambiaron las maneras de hacer discos, incluso, los sencillos, y todo modificó su forma de lanzamiento y las vías por las cuales se celebran. Estos cambios afectaron tanto a la música como al cine, redoblando lo afectado en su comunión. Nada nuevo estas conclusiones así que no tiene sentido explayarnos al respecto.

Si bien no es que ya no existen bandas sonoras de hip hop, no hay una línea cultural que las sostenga como si sucedió en la última década del siglo pasado. Ojalá lo logrado por Kendrick Lamar con Black Panther sea también un renacimiento de esto.

Para terminar, algunos otros soundtracks memorables y algunas de esas raras excepciones que fueron surgiendo en el nuevo milenio: Boyz N the Hood (1991), New Jack City (1991), CB4 (1993), Poetic Justice (1993), Tales of the Hood (1995), Bad Boys (1995 y 2003), Friday (1995), New Jersey Drive (1995), Higher Learning (1995), The Nutty Professor (1995), Gridlock’d (1997), Gang Related (1997), Hoodlum (1997), Rush Hour (1998), Belly (1998), The Corruptor (1999), In Too Deep (1999), Ghost Dog (1999), Nutty Professor II: The Klumps (2000), Backstage: A Hard Knock Life (2000), The Wash (2001), Training Day (2001), Cradle 2 The Grave (2003), Get Rich or Die Tryin’ (2005), The Man with the Iron Fists (2012), Southpaw (2015), Black Panther (2018) y Creed II (2018).