El hombre que cae (y se levanta)

Para el lanzamiento de su disco I’m Uugly (2016), Duckwrth, el rapero que creció en los 90 en el South Central de Los Ángeles bajo los únicos sonidos posibles del momento, el gangsta rap y g-funk, decía que esas canciones representaban todo lo que él es. “Soy esto, mi música es, para mí, el sentido de la subsistencia”, y explicaba que “subsistir es un choque de estados constante. Hay días eufóricos y excitantes, pero eso no borra la realidad, ni la propia ni la colectiva, lo feo sigue ahí. Y cuando no tenés ese tipo de días, y todo es armoniosamente espantoso, hacer música te devuelve ese éxtasis que no cambia nada, pero a la vez te cambia todo”.

Hijo de una madre religiosa, que hizo “un millón de malabares” para que no caiga en el rap, prohibiéndole sus discos y varias amistades, entiende que su destino musical es prácticamente inevitable, como un orden espiritual y natural del lugar en el que creció. “No se me ocurre nada más imposible que pretender que alguien de Los Ángeles en los 90 no escuchara a Tupac, Snoop Dogg y Eazy E”. Estas prohibiciones lo llevaron a estar horas encerrado en su cuarto, “solo, dibujando, escuchando a Stevie Wonder y Earth, Wind & Fire, que son como mi cuna, sé de memoria cada arreglo, cada base, cada definición, fue un estudio sin querer que me terminó formando”.

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Foto de Charlie Edwards

Fue así que comprendió “el poder oculto” de la música, sobre todo del g-funk, “las notas y las progresiones que usan nos son verdaderamente familiares, porque al final del camino también hay una influencia del góspel, pero, incluso cuando toma distancia y se vuelve más duro, sigue logrando una combinación musical que es dulce sobre nuestros oídos y que abraza nuestras almas”. Su confirmación “material” de estas ideas llegó con los viajes en colectivo hacia el estudio de grabación en Hollywood, donde grabó sus primeros trabajos, “ese viaje te muestra la transformación urbana y todo lo que hay en eso, desde los márgenes hacia la majestuosidad, y luego a la inversa, como esa majestuosidad se va esfumando en las sombras de la realidad. Es un segundo, es un corte en el paisaje que marca cómo se vive en un lugar y cómo se vive en otro. Eso es un choque de estados, de todo tipo de estados, esa fue y es la vista de mi vida, y todo lo que sea funk de por sí entiende esta idea, porque es un ritmo que nació así, en un choque de climas de época, pero el g-funk directamente me hablaba a mí, a nosotros, a nuestras calles. En realidad, el g-funk éramos y somos nosotros, está hecho de nuestro paisaje desigual”.

Así y todo, el sonido por excelencia de la Costa Oeste aparece en Duckwrth como la base, como el hogar de toda una experimentación musical mucho más amplificadora e integradora de estilos, sin llegar nunca a ser explotado. Más bien, pareciera ser su as bajo la manga, la ráfaga sonora que suelta cuando el mix de ritmos y estilos contemporáneos lo aleja de su espíritu californiano o cuando la oscuridad y la pesadez con la que da sus golpes está a punto de envolverlo. Entonces, ahí, aparece el g-funk como un manto de luz y frescura recordando (y recordándole) “hey, soy esto”.

243200734c809fa4178c98edef86780b.1000x1000x1.pngThe Falling Man es el álbum que está presentando por estos días. Una vez más se luce, se nota su presencia en la anatomía de cada pieza y su identidad se agranda, pero, sobre todo, sus reflejos se vuelven más sensibles y su voz aflora con un nuevo tipo de confidencialidad. Pareciera haberse tomado muy en serio el consejo de Anderson Paak, su mentor, “las canciones son importantes, pero mucho más son los discos”, y en esta oportunidad plantea un trabajo que jamás se aleja de su eje conceptual: miedos que atormentan y fortalezas que tambalean o que, ya reconociéndolas, se llevan a un extremo para ver qué tanto pueden mantenerlo en pie, o qué tantas veces puede caerse y levantarse. Algunos lo llaman autoboicot, otros autodestrucción, lo cierto es que ahí también hay un juego de pulsiones y de presiones socioculturales que Duckwrth siente en su cuerpo a medida que su carrera avanza, y, como arma de subsistencia, las hizo canción. Esta narrativa consolida la excelencia del artista en su afán de no perder poesía en las diversas exploraciones realistas, y para lograr esta nueva vara alta se rodeó de nombres que aportaron los matices vocales justos, entre ellos Rico Nasty, Terrace Martin, Allan Kingdom, Medasin, Kiana Ledé, Mr. Carmack y NoMBe.

“No busco ser un revolucionario, busco sentirme bien con lo que me toca, con lo que hago, con lo que llevo puesto, con las ideas que comparto, con la manera en la que busco revelar lo que nos pasa a todos, porque no quiero ser un héroe, quiero dialogar con otras personas a través de un mismo idioma. Eso es para mí la música”, declaró no hace mucho, y lo logra. Duckwrth está muy por encima de los nombres que habitualmente copan las páginas y las listas top. Y una gran marca de su talento es que su ideario concentra en sí a todo ese arco creativo de raperos que respetan la tradición sin dejar de ser fiel a su propio tiempo y espacio, sabiéndose que en ese acto hay una toma de responsabilidad tan enorme como mantener vivo un linaje y la actualización de un género que, sin dudas, es el que viene moviendo las agujas de un mundo demasiado cómodo en sus formas.

Stacy-Ann Ellis
Foto de Stacy-Ann Ellis