Del amor que ocurre

Munich, Winter 1973 (for Y.S), de James Baldwin

En una casa extraña,
una cama extraña,
en una ciudad extraña,
un muy extraño yo
te está esperando.

Ahora
es de mañana muy temprano.
El silencio es fuerte.
El bebe está caminando
con su botella de espuma,
haciendo sonidos extraños,
y decidiendo, después de todo,
ser mi amigo.

Vos
llegás esta noche.

Qué aburrido es el tiempo!
Qué vacío!
Y, sin embargo,
ya estoy sentado acá,
acostado acá,
subiendo y bajando,
esperando.
Veo
la habilidad cruel de ese tiempo
de hacer una espera,
y que sea un tiempo real.

Veo tu pelo,
lo que yo llamo rojo.
Me acuesto acá en esta cama.

Alguien se burló una vez,
un amigo nuestro,
diciendo que vi tu pelo rojo
porque no estaba pensando
en el pelo de tu cabeza.

Alguien también me dijo,
hace mucho tiempo:
“es una cosa terrible,
hijo,
caer en manos del Dios vivo”.
Ahora
sé lo que estaba diciendo.
No pude haber visto rojo
antes de encontrarme
en esta extraña cama esperando.
Tampoco me lo pudo haber sugerido mi ojo desnudo.
Ese color fue creado
por la luz que cae ahora
sobre mí,
en esta cama extraña,
esperando
donde nadie descansó nunca.

Observo que las calles
son invernales,
se sienten como la nieve.
Los estorninos circundan en el cielo,
conspiran,
juntos y solos,
viajes indecibles
entrando y saliendo de la luz.

Lo sé.
Te voy a ver esta noche.
Y puede llegar a caer nieve,
la suficiente para congelar nuestras lenguas
y quemar nuestros ojos.
Puede que nunca nos vuelvan a encontrar!

Así como los pájaros que dan vueltas
sobre nuestra cabeza
están cantando
el conocimiento
de lo que hay delante de ellos,
el paisaje siempre es desconocido:
viento, agua, aire,
la luz y la noche que fallan,
el sol cegador.
Ellos deben hacer el viaje ya hecho.
Escuchalos,
tienen alas y voces,
están haciendo elecciones,
están usando lo que tienen.
Son conscientes
de cómo en los viajes largos
cada uno lleva a otro
zumbido
emocionante
del amor que ocurre
en medio del aire aterrador.