América a través de las ventanas del gueto

El sonido del tren y la percepción de su velocidad linkeándonos a Live at the Barbeque (1991), de Main Source, en la que Nasir Jones debutaba formalmente como rapero y escupía versos como estos: “tenía 12 años cuando me fui al infierno por aspirar a Jesús. El desagradable Nas es un rebelde para América”; la irrupción de un diálogo de la clásica Wild Style (1983), que también aportará la pieza épica de su soundtrack, The Subway Theme, para darle base a una conversación inquietante y familiar que se da en uno de los pulmones de Queensbridge, el proyecto de viviendas sociales más grande de Estados Unidos, con una composición de ciudad en sí misma, y del que sus habitantes alardean, no sin razón, que es el punto en el mapa del que salieron la mayor cantidad de raperos.

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Foto Chi Modu

Esto es The Genesis, y así empieza Illmatic, el disco de Nas que cumple 25 años que -más que marcar a una generación- se convertiría en una aguja de reloj dentro de la historia del hip hop, y, sin disculparme por el exabrupto, de América misma.

Como un collage, como un rompecabezas, con una radiografía plena de lo que sucederá a partir del último verso de Jones en la intro, “los niggaz no escuchan al hombre representando, esto es ILLMATIC”, quedamos con los pies adentro del complejo social para vivenciar mucho más que una experiencia musical, más bien una experiencia cruda de violencia y supervivencia, pero también de poesía superior, de existencialismo feroz y de una fortaleza espiritual que se presenta cero purista, sin moralejas ni moral, más bien shakespeareanamente.

“La vida es paralela al infierno, pero debo sostenerla y progresar, aunque vivamos en peligro. Los policías podrían simplemente arrestarme, culparnos, nos empujan a vivir como rehenes”, rapea en N. Y. State Of Mind, luego de confesar “nunca duermo, porque el sueño es el primo de la muerte; más allá de los muros de la inteligencia se define la vida”. El estado mental de Nas para Nueva York es el sentido criminal de la ciudad, el mismo que encuentra cuando camina entre las torres de su barrio simil ciudad.

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Durante las grabaciones de Illmatic. Foto Lisa Leone

Lo que sigue es un vuelo musical que despega y compone abiertamente el nudo de la historia, pero también nos da la pauta de la participación activa y efectiva del equipo de producción atrás de esta obra, “nombrazos” que se rindieron a los pies y al arte de un joven de 20 años que estaba marcando un antes y después: Large Professor, DJ Premier, Pete Rock, Q -Tip y LES. Por cierto, un después que no dejará nunca, hasta la actualidad, de pasar por esta obra maestra de 10 temas e infinitos 39 minutos.

En Life’s A Bitch y The World is Yours, el rapero le da a su poder vocal y al micrófono el status de salvación. Mientras él construye su propia identidad musical e interviene en la colectiva, el ideario conceptual de Nasir obliga, exige, golpea, inspira y conmueve.

“Como Malcolm X, atrapando la fiebre de la jungla” desafía en ese clímax biográfico que es Halftime, en la cual, muy probablemente, también vaya la infancia y adolescencia de toda esa generación, los recuerdos fulminantes de las anteriores y la claridad de que estos temas serán un constante punto de partida: el desagradable Nas, finalmente, está a punto de ocasionar una histeria masiva.

Lo mejor del reposicionamiento del hip hop es que temas como Memory Lane (Sittin’ in da Park) se leen en escuelas y universidades. Lo que no dicen los libros, lo dicen los raperos. Acá Nasir construye memoria y reformula las noticias desde lo que él ve a través de su ventana en una composición literaria tan emotiva como cínica: “mi intelecto prevalece en una cruz colgado con clavos”. Un golpe más: “los pueblos son nafta”.

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Durante las grabaciones de Illmatic. Foto Lisa Leone

En One Love el fantasma de la prisión acecha, hay palabras para los que ya están atrás de las rejas y advertencias para los que aún están afuera, hay perspectiva y su propio contraste entre la vida callejera y la soledad con un cuaderno para seguir creando. No en vano le sigue One Time 4 Your Mind, un recorrido por su forma de usar el tiempo mientras que el “cerebro está encarcelado”.

El final de Illmatic está a cargo de Represent (“cualquier día puede ser el último en la jungla) y de It Ain’t Hard To Tell (“esta explosión rítmica es lo que ha elegido tu estado de ánimo”). Para el décimo aniversario del disco se lanzó una versión remixada de esta última en la que nos cuenta lo que muchos ya sabíamos desde la década anterior: “Ahora me encuentro bendecido con la delicadeza de expresarme como Shakespeare”.

26 torres en forma de Y a orillas del East River en donde viven más de 7 mil personas: ahí crece Nasir y desde ahí se narra el disco con una anatomía perfecta de comunidad, de cultura negra y americana. Y esa perfección es de una belleza mórbida.

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Illmatic es illmatic porque es una historia de vida colectiva desde los márgenes, de un estado de conciencia desgarrador en su total noción de estar más allá del mal y de los males, pero que, mitad humanismo (mortalidad) y mitad milagro (eternidad), es exactamente sobre la creación de estas raíces que el mundo sigue girando, creando, transformando.

Volviendo al principio, Nas nos recuerda, entonces, que el génesis late en los guetos, que no son más que otra instancia en un linaje que acontece desde la llegada forzada de esos hombres, mujeres y niños con procedencia de la lejana costa africana para ser explotados y obligados, así, a fundar una historia desesperada en busca de la libertad y dignidad por diferentes medios. Y el hip hop no es más que otro medio que encuentra en Illmatic su razón de ser más suprema y pura, una reivindicación y recolección de todos los sonidos de ese relato total, y, por sobre todas las cosas, las razones para seguir creyendo, tanto en la lucha como en la poesía.