The Black Power Mixtape 1967-1975

A finales de los años 60, periodistas suecos viajaron a Estados Unidos para hacer su propio registro de lo que estaba sucediendo con las comunidades negras. Enfatizo: para ver con sus propios ojos lo que estaba pasando con las comunidades negras, lo cual los terminaría ubicando en un lugar de voz aliada a los movimientos, así como también llevándolos a tener su propio enfrentamiento con los medios oficialistas americanos, los cuales acusaban a Suecia de vender una imagen irreal y demasiado “negativa” de USA, por lo que les declararon rápidamente la guerra desde las páginas de TV Guide, el medio más popular de la sociedad americana blanca de aquél entonces.

The Black Power Mixtape 1967-1975 (2011) es el resultado de coberturas realizadas entre esos años, algunas de manera formal, otras más bien experimentales, logrando en su totalidad una pieza tan fluida y sensual como emotiva y angustiante.

Escrita y dirigida por Goran Hugo Olsson, quien también editó junto a Hanna Lejonqvist, se hace fuerte en las buenas decisiones tomadas, en su estética y en su narrativa. Como si se tratara de un collage, lo ocurrido entre 1967 y 1975 se mantiene en pleno diálogo con la actualidad. Es que mientras que las imágenes recrean cronológicamente historias, escenarios y perfiles de referentes negros, la narración descansa sobre las voces de diferentes figuras culturales reconocidas por su activismo y que nunca aparecen frente a cámara: son sus voces con testimonios propios potenciando los registros históricos. Desde Talib Kweli a Sonia Sánchez, pasando por Questlove (quien, además, se lleva los créditos de la músicalización), Erykah Badu, Kathleen Cleaver, Abiodun Oyewole (The Last Poets), entre otros tantos, el linaje evita lugares comunes y carnaliza en cada plano, ya sea mostrando contiendas mucho más humanizadas de los líderes negros, criminalizados constantemente, como a partir de los efectos que ocasionaron en las generaciones siguientes.

El inicio es literal, el recorrido propuesto por los suecos comienza con el carismático y tenaz Stokely Carmichael concibiendo la idea del Poder Negro. Pero rápidamente lo muestra en otro lugar, riéndose y compartiendo momentos más relajados con sus compañeros. Y es con él que se logra el primer gran clímax de los muchos que se irán sucediendo a lo largo de la hora y media; Carmichael entrevista a su madre tratando de mapear, en un diálogo común y familiar, sin pretensión ni ambición intelectual, todo el entramado del racismo y la intervención rotunda en la vida cotidiana.

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Stokely Carmichael entrevistando a su madre para la televisión sueca

La sensación final que deja el mixtape es confusa, desconcertante, sensible. Es un documental con final abierto, pero no es esperanzador en lo inmediato y todavía guarda en su boca el sabor de todo lo que pudo haber sido pero no llegó a ser, y todo el costo que eso significó (desde líderes muertos, encarcelados y exiliados hasta el arrasamiento del crack en los guetos). Sin embargo, tampoco se puede decir que es trágico. En realidad, es una invitación a detenernos, mirarnos y desesperar.

¿Acaso es posible una vital esperanza sin desesperación?

Mientras que las comodidades modernas nadan la pasión de desideologizar lo político y potencian manifestaciones que neutralizan los tantos tipos de violencia institucional a los que nos exponemos a diario, la perspectiva en la que se retoma esta historia contagia un ánimo de despertar. Entonces ahí están Malcolm X, varios integrantes del partido Black Panther, Angela Davis, Lewis H. Michaux, entre otros tantos testimonios de referentes históricos como de desconocidos que desde el pasado siguen interpelándonos con lucidez filosa y desbordes de realismo territorial, empujándonos a no perder una tradición de lucha que no nació con ellos, ni con sus antecesores, que se presenta como racial, pero que se trata de sistemas económicos y opresiones diversas.

Hace unas semanas, de visita en Montevideo, Davis reflexionaba “la historia de este continente es la historia del deseo por la libertad. La lucha es siempre la misma y somos los mismos de cada lado”. Y justo para no regodearnos en la tragedia social ni ahogarnos en una modernidad que desprecia a la historia y desconoce su lado, en una de las últimas imágenes de Black Power Mixtape aparece ella joven -con su voz grave y colmada de fortaleza- advirtiendo que la lucha no se detendrá nunca hasta no vencer, porque el deseo de libertad es inherente a la noción de opresión.

Y acá, entonces, encontramos la respuesta pendiente: la única esperanza es permitirse la desesperación.

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Angela Davis entrevistada en la cárcel