De Gordon Parks a Kendrick Lamar, un ida y vuelta por la justicia social

tumblr_nymm41X1ir1rw4bsao1_1280.jpgFotógrafo, músico, cineasta, poeta y escritor, Gordon Parks (Kansas, 1912) fue uno de esos artistas integrales y a tiempo completo. Y cuando se es inescapablemente artista, se es inescapablemente político; lo que lo convirtió en uno de los más reconocidos documentalistas del siglo XX, un destino que también parece inevitable si consideramos que fue un afroamericano que nació, creció y se formó bajo la más pura y dura segregación racial: llevaba demasiado en sus ojos y en sus hombros como para quedarse callado.

Era apenas un adolescente cuando vio en una revista unas fotografías de trabajadores. Se sintió impactado por las expresiones y no tardó en comprender el significado de esas imágenes. Ya desde muy temprana edad había desarrollado una visión sensible y detallista, de observación profunda, pero para nada pasiva. La vida bajo la segregación se sucede en un mismo giro que rueda en sí mismo sobre los mecanismos improvisados de la supervivencia, transitando en los márgenes de la plena noción de los derechos elementales y básicos que se te son negados en una de las manifestaciones de abuso de poder más explícitas, inhumanas y violentas.

“Vi en la cámara un arma para enfrentar el racismo, la pobreza y todos los dolores sociales. Supe que necesitaba una cámara”. En una casa de empeño consiguió una cámara muy barata. Aunque no tenía conocimientos técnicos, y la posibilidad de estudiar la tenía vetada por negro, comenzó a explorar él mismo el mundo de la fotografía hasta que finalmente consiguió un trabajo en la Farm Security Administration (FSA / Administración de Seguridad Agrícola). Fue en ese momento que se encontró realizando sus propias fotos a trabajadores llevando el proyecto a otro nivel, lo que culminaría con un ensayo fotográfico sobre las condiciones sociales, laborales y económicas del sector.

La FSA cerró a principios de la década del 40 y Parks se convirtió en un fotógrafo independiente que tuvo que empezar a intercalar su ambición sociopolítica con proyectos más comerciales. Es en este escenario que llega a realizar importantes producciones de moda para mantenerse, aunque también es a partir de este escenario que encuentra la oportunidad para contrarrestar el relato plástico que se daba de la mujer negra mimetizándola al concepto femenino de la América blanca.

La década la terminaría alcanzando su consagración con otro ensayo fotográfico fiel a sus ansias profesionales. Acompañado de su poesía narrativa y bajo el nombre de Harlem Gang Leader, Parks registró la vida pandillera siguiéndole los pasos a Red Jackson, un líder callejero de 17 años. Su fin era mostrar que se trataba de un adolescente que -de haber nacido en familias blancas, con posibilidades educativas y económicas o siendo considerado por el Estado de una manera real- podría llevar una vida absolutamente diferente a la que llevaba, tanto él como sus hermanos de la agrupación. Esta obra no minimiza la violencia brutal de las pandillas, pero la expone desde el planteo primordial: no hay mayor fracaso político y cultural que un adolescente sintiendo que no vale nada y que no tiene nada que perder, lo cual se refuerza en cómo ese sentir individual se vuelve un peligro de alto riesgo en su comunidad, lo que marca de forma rotunda que el escenario es una definición por sí misma sostenida en un tipo de estado elitista.

Este trabajo tuvo tal impacto y fue de tal contundencia que lo llevó a ser el primer fotógrafo y escritor afroamericano de la revista Life, donde trabajaría por las siguientes dos décadas ocupando un lugar fundamental en la visibilización de las problemáticas negras, totalmente envalentonado y en sintonía con el despertar de los movimientos de derechos civiles y de los partidos revolucionarios. Desde estas páginas logró lo que parecía imposible, llenó sus titulares y escritos de bases comunistas, de justicia social y racismo, su voz era irreverente e interpelaba de manera directa y literal, sabía que había una sola manera de acompañar los tiempos y era con una retórica cruda. Life cuenta que el caudal de correo que recibían los tomó por sorpresa y llegó a ser bastante inmanejable. Las cartas llegaban de todos los rincones del país y eran tanto como para dar apoyo, pedir disculpas, intercambiar reflexiones, ofrecer donaciones o ponerse a disposición de las historias que Parks contaba, como para amenazar, repudiar y desplegar reacciones supremacistas de todo tipo.

También fue el primer afroamericano en escribir y dirigir una película hollywoodense. En 1969, basándose en la novela de su autoría, The Learning Tree, llegó a la pantalla grande, y dos años después volvía a hacerlo con Shaft.

A lo largo de su vida recibió más de cincuenta doctorados honoríficos y premios de primera línea del mundo cultural y desde organizaciones sociales. Sus registros son objeto de estudio. Sus exposiciones llegaron a los lugares menos imaginados del planeta. Y también, claro, es el protagonista de constantes homenajes.

Para fines de junio del 2017, Kendrick Lamar lanzó el video de Element, tema incluido en DAMN. Fiel a su costumbre de ensamblar fuerzas visuales a fin de potenciar su mensaje, con un cuidado estético que ya es una carta esencial de su identidad política, Lamar volvía a celebrar el trabajo de Parks, a quién ya había linkeado en Humble y lo volvería a hacer en el de Loyalty, pero en esta ocasión el homenaje se daba prácticamente de manera absoluta.

En dirección asociada con Jonas Lindstroem y Dave Free, Element recrea imágenes tomadas por el fotógrafo de Kansas con una sensibilidad y mirada clínica. Cada una de ellas sirve para ver todas las instancias alcanzadas por Parks en su afán de construir una obra que ocupe un lugar más vivo que el mero hecho de ser legado. En definitiva, la historia es un lugar vivo, aunque, como diría el sociólogo Mariano Canal, la modernidad la haya convertido en tabú.

Ergo, que el documentalismo de Parks sea rescatado por el nombre más importante del hip hop moderno, quizás el mejor lector cultural de su generación, logra una fusión de lecturas lúcidas que alcanzan la actualidad y, lamentablemente, el mañana inmediato también. Y ese es el mayor mensaje: más allá de las comodidades de cada época, el problema de fondo sigue ahí acechando y de manera urgente, porque ya no se necesitan estructuras obscenas para que los genocidios ideológicos, raciales y culturales sucedan.

346af31bd884a9bb2bc941279b18fef0Lejos de quedar esto acá, la fundación de Gordon Parks presentó en aquel momento, entre diciembre del 2017 y febrero del 2018, Element: Parks & Lamar, una exhibición con el trabajo en conjunto. Su director Peter W. Kunhardt explicó que ambos son referentes imposibles de ignorar en la historia negra pero más allá también, “son portadores de un mensaje que nos involucra y toca a todos, porque exploran los conceptos que se fuerzan desde ideas raciales y examinan los temas relacionados a la justicia social con particularidades impactantes. Aportan mucho más que una obra, y la apertura generacional que se da sobre el trabajo de Parks a partir de esta conciencia de Lamar es un ejemplo”.

La unión de ambos expone al resto a sus propias limitaciones de interpretación, inocentes o no. Les recuerda que no alcanza con la reivindicación de los que supieron hacer historia, más en estos tiempos donde las reivindicaciones funcionan con la misma fuerza que el repudio, una fuerza orquestada en el confort y como selfie moral. Lo único válido es el reconocimiento del relato continuo en el que habitamos. No existe tal pasado, no existe tal futuro, el acceso a nuevas comodidades y las infinitas posibilidades del presente no modifican las desigualdades y la opresión, desigualdades que, además, no dependen de un mensaje motivacional. En definitiva, la unión Parks + Lamar nos habla por fuera de la temporalidad ficticia (YO / “mi generación” ) y se focaliza en el pulmón de lo político, o sea, el clasismo vs. la conciencia de clase (NOSOTROS / las raíces).

Un espejo entre algunas de las imágenes originales (izquierda) homenajeadas por Kendrick Lamar en Element: