Cuando Solange llega a casa

Misteriosa, detallista e íntima, con la lucidez y la sensualidad maestra de reconocer en lo sutil toda la fuerza de la distinción y de la elegancia, toda la fuerza y el poder de la reflexión como arma de excelencia, Solange es una mujer que dice, construye y transforma desde adentro hacia afuera. Es una artista con la sabiduría y la tranquilidad, que nada tiene que ver con la calma, de no necesitar ir más allá de su obra. Una obra que es íntegra y que responde a todo lo que es ella: artista visual, coreógrafa, compositora, cantante y una figura incómoda en su complejidad, la que no se inmolará bajo las luces de los lugares comunes a fin de facilitar o viralizar el mensaje.

ijy1WCyA.jpgEn una época plena de euforias, autodefiniciones grandilocuentes y de activismos sobreactuados, tomados como reales gracias a las lecturas fugaces con las que sobrevive la modernidad, Solange es la pausa necesaria, es el sentido del tacto en todo su esplendor. Y lo logra porque ella no se lo niega a sí misma, va flexionándose y tensionando sobre sí, va en la búsqueda personal que la lleven a otro lugar en donde pueda abrir paso a un rasgo cada vez más animal, o sea, más intuitivo y brutal, y esto no es más que otro rasgo de humanidad sin lo domesticado de un mercado que reclama, exclama y demanda por capricho, incluso, por el narcisismo con el que se suelen componer las historias personales hoy en día. En el medio de este escenario, Solange se manifiesta desde sus seis sentidos, y en cuanto no puede hacerlo se aleja, se vuelve invisible a la industria, y, también, a nosotros.

When I Get Home es una reconfirmación de sus identidades como artista, tanto sonoras como emocionales y, sobre todo, estéticas. Es un disco experimental, conceptual y (tan) actual que será mejor mañana y más aún pasado mañana. En definitiva, no hay más casa que nuestro cuerpo, por eso, este trabajo tiene la sensibilidad de lo orgánico y la suavidad con la que anhelamos alguna idea de hogar, de llegar a salvo a la próxima estación luego de cualquier proceso.

Las 19 piezas, microcanciones que se desprenden de lo tradicional y que podríamos comparar con haikus musicales, no pasan los 40 minutos. A lo largo de cada una, hay una presencia total de ella en todas las áreas de definiciones. Además, cuenta con colaboraciones y alianzas de producción exquisitas, entre los que contamos a Gucci Mane, Tyler The Creator y, cuando no, Pharrell Williams.

El resultado es un sonido de lujo y un clímax expansivo que se sostiene en todo el desarrollo del disco. Para más, su voz está más linda que nunca.

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