Kamasi Washington, espíritu y forma

loffit-el-saxofonista-kamasi-washington-actuara-en-mayo-en-madrid-y-barcelona-02Kamasi Washington (Los Ángeles, 1981) viene de presentarse el fin de semana último en el mítico Teatro Apollo. La primera vez que pisó el escenario altar de la cultura negra fue de la mano de Snoop Dogg hace más de 15 años.

“Tocar hip hop no sólo es lo que tocás, sino cómo lo tocás. Hay que escuchar la música, oír su sentimiento, su vibra. El hip hop te hace pensar en el fraseo y lo convierte en una prioridad. Tocar con Snoop me hizo muy sensible a esto y afectó mi forma de escuchar jazz”, recuerda Kamasi de aquellos años que le sirvieron de tercera escuela. La primera fue sin dudas su casa; siendo hijo del jazzero Rickey Washington todo era música, incluso los amigos de su familia eran músicos y los pequeños hijos de esos amigos, al igual que él, ya se sentían en ese trip. La segunda fue la Universidad de California, a donde llegó luego de conseguir una beca para estudiar Etnomusicología.

Durante su primer año universitario fue que se sumó a la crew de Dogg, y en una mezcla de compañeros de clase, nuevos amigos de ruta y los de toda la vida terminó formando un colectivo experimental, “queríamos una jam de música original. Escribíamos la música e íbamos a tocarla. Todas las canciones se guardaban en un libro que llamábamos el Get Down”.

Para diciembre del 2011 decidieron que era momento de registrar lo que venían haciendo. Tenían cerca de 190 canciones y los resultados fueron, en primer lugar, sesiones de 10 de la mañana a 2 de la madrugada, “tanta música como sudor”; y en segundo lugar, o, mejor dicho, finalmente, el resultado fue The Epic, un disco debut, al menos en un plano formal, triple, que terminó de realizarse 4 años después. Le siguieron los EP Harmony of Difference y The Choice, este último la antesala a Heaven and Earth, disco doble lanzado en junio del año pasado.

La característica principal de su obra es la del sonido que nos toma por sorpresa y nos conquista por su sensualidad, pero que no busca deslumbrarnos o arrasarnos sino, más bien, abrazarnos, incluirnos en su plan maestro y, lejos del impacto, vincularnos. Por eso, más allá de su frescura e innovación, lo que suena nos llega de manera suave y familiar, como si nuestro cuerpo lo hubiera estado esperando y lo supiera de memoria a la hora de bailarlo, percibirlo, de entregarse al ritual al que nos invita.

¿Cómo puede ser que algo nuevo nos sea tan familiar y no deje, por eso, de ser innovador? Si algo tuvo claro desde muy chico fue que la trayectoria de los sonidos que lo convocan e inspiran trasciende a los músicos, incluso a él. Y esto está definitivamente volcado en lo que hace. Pero también, generosa y genuinamente, en lo que dice. “Esa cuestión de los géneros es importante para los otros, pero para nosotros no lo era y no lo es. Nos sentamos y tocamos la música que nos sale, y si hacemos un jazz que a veces suena como R&B, otras como góspel y sintoniza perfecto con el hip hop es porque justamente hay una relación profunda entre ellos. Esa relación hace a nuestra historia y a nuestras vidas”.

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Foto por Nina Corcoran

Para más, como si no bastara con la propia naturaleza de estos sonidos, Kamasi lleva encima el ADN de la Costa Oeste, “es un lugar donde todas las escenas musicales se mezclan entre ellas y, a su vez, con la idiosincrasia del propio lugar, entonces siempre parece -a la vista de los otros- que desde acá hay algo nuevo sucediendo, pero para nosotros es lo que es”. Y ese “es lo que es”, al menos desde este lado de las costas, sabemos que siempre termina acariciando el cuerpo funky, aunque más no sea como una fantasía soft o G-Funk.

Con esta plena conciencia de ser un elemento de fusión y mensaje, Kamasi gambetea las definiciones que la crítica se empeña en poner sobre él y busca que se ponga el foco en lo espiritual, en lo colectivo y, consecuentemente, en lo político.

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Y sí, definitivamente su figura representa un punch de energía vital para el jazz, pero también lo es para el góspel y para el R&B. Pero hay más, porque en esa fiesta absoluta de raíces negras a la que fuimos invitados todos en To Pimp a Butterfly, de Kendrick Lamar, hay una gran cuota de responsabilidad que recae sobre Washington. O sea, el hip hop siempre sigue cerca, y mucho más de lo que queda frente a nuestros ojos (o frente a nuestras escuchas).

Lo que es una evidencia es que cuando lo comparan con Miles Davis, esa carta fácil y favorita de la crítica para darle aura de prestigio a alguien, una crítica mayoritariamente blanca y privilegiada, como diría Amiri Braka, ignoran que es también en contra de eso que Kamasi se mueve sin disimulo y sin escatimar posicionamiento político y cultural. Mientras esto ocurre, él se planta y les recuerda que la música negra nada tiene que ver con esa forma de lectura, y despliega todo el existencialismo, sentimentalismo y la filosofía de sus profundidades para caer mejor parado y más cercano a Sun Ra, pero sólo como un factor más de extravagancia y retórica, no como una referencialidad.

Por eso, mucho antes que Davis, quien despolitiza definitivamente el sentido y la obra de Kamasi, podríamos hermanarlo con Coltrane -esencial en su formación- en una hermandad sólida en la oscuridad, pero de esa oscuridad necesaria para discernir entre luces, sombras y la real concepción de la creación. Por lo que también es imposible no ver al espíritu de Charles Mingus sobrevolándolo, por pertenencia, lucha y libertad sonora.

Más allá de este mapeo, lo que hay que tener en cuenta es que Washington se moverá tan cómodo en la tradición como con sus contemporáneos, entonces no busca recuperar caminos ni revolucionar un ambiente, aunque logre ambas cosas a la vez, más bien su única búsqueda es “responder al llamado de hacer la música que siento que tengo que hacer”.

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“Nuestro sonido viene del corazón, está contenido en nosotros y sucede hace décadas. Puede haber free jazz sobre el cual descansamos, pero nuestra música se trata de una comprensión de vida en la que nos unimos unos con otros”, explica como si fuera un perfecto alumno de Baraka, quien desde algún punto estelar se debe estar regodeando con la manera en la que Kamasi comprendió a lo circunstancial como una fuerza creadora y abismal.

Por todo esto, cuando se le pregunta por las alianzas que hace con otros músicos aunque poco tengan que ver con “su” género, él responde “nosotros somos un mismo árbol y nos tocó encontramos a todos en este tiempo y lugar, entonces vimos esa luz y de ahí salen los sonidos correctos, los que corresponden a este árbol de sonidos sagrados para nosotros, que nos los dejaron los músicos que vinieron antes”. Esta también es la misma respuesta con la que explica que para ellos no se trata de éxito, sino de un despertar de conciencia, “es música de raíces y espiritual, porque se nos es enviada y viaja por nuestro cuerpo hacia nuestra mente para que nosotros la manifestemos, la esencia de esta música es la unión, el encuentro”.

the-new-indies-kamasi-washingtonHay dos bendiciones indispensables que Kamasi nombra y que también sirven para graficar su sonido y su lucidez artística.

Una es el conocimiento, “el que nos permitirá que nada de esto se desmorone manteniendo al árbol en pie, y todos nosotros somos muy conscientes de esto”. Esta noción tiene una intima relación con la nueva ola de movimientos de derechos civiles y humanos que encabeza Black Lives Matter, a la que él pertenece, y lo explica así “ellos denuncian lo que yo viví toda mi vida, mi música es una expresión de lo que soy, no hay manera de que mi música y yo estemos por fuera del movimiento”.

La otra es lo eterno, o, al menos, un sentido posible de la eternidad, porque, en definitiva, “la música será lo que quede”. Por esto mismo tiene que ser real, porque es un testimonio.

Y como no hay 2 sin 3, podemos agregar una bendición más, aunque sea a favor de nosotros, y es que va a estar pisando suelo argentino el mes próximo. Kamasi Washington será parte del Lollapalooza  en la noche del viernes 29 de marzo. Por si no quedó claro el viaje que sugiere verlo, pues lo diremos a cara lavada y en bruto: es un imperdible en un momento justo.

DYRupDIU8AAWAUbLas palabras de Malcolm X incluidas en este tema son parte del discurso dado en el Ford Auditorium de Detroit el 14 de febrero de 1965, una semana antes de ser asesinado:

“Antes de decir lo que tengo para decir quiero aclarar mi posición. No soy racista en ninguna forma. No creo en ninguna forma de racismo, no creo en ninguna forma de discriminación o segregación. Creo en el Islam, soy musulmán. Y no hay nada de malo en ser un musulmán. No hay nada malo con la religión del Islam. Simplemente nos enseña a creer en Alá como el Dios que es. Y aquellos de ustedes que sean cristianos, probablemente, crean en el mismo Dios, porque creo que ustedes creen en el Dios que creó el universo, y en eso creemos nosotros, salvo por la diferencia del nombre, ustedes le dicen Dios, y yo, nosotros, lo llamados Alá. Jehová, los judíos, los hebreos. Si entienden el árabe es llamado Allāh. Pero como el hombre blanco, tu amigo, te quitó el lenguaje durante la esclavitud, el único idioma que conocés es el de él, es su idioma, el idioma de tus amigos blancos. Así que la forma en la que llamás a tu Dios es la misma forma en la que él lo llama. Entonces cuando él te pone una cuerda alrededor del cuello, vos llamás a Dios, y él también llama a Dios. La verdadera religión del Islam no enseña a nadie a juzgar a otro ser humano por el color de su piel. El musulmán usa otra forma de relación con los hombres, no los mide por el color de su piel, sino por sus acciones, por el comportamiento de la conciencia, por la intención. Y cuando se usa esa medida, el estándar de medición o el juicio nunca se equivoca”.